Cuentan que por las noches las hojas suelen desprenderse de sus ramas seducidas por el viento que nace de la inmolación de su propia vida. El viento las arranca para contar su historia de dolor y para que los arboles conozcan a los humanos y a su historia de sangre que llevan a sus casas cuando el sol deja de brillar.
Cada hoja cae en la tierra, guiada por el viento, es un viaje sin regreso a las copas de los árboles, un viaje sin retorno como las mismas historias de sangre de toda una humanidad, esas historias de innombrables individuos llevan a sus casas, perpetuándose día a día, desde tiempo inmemorables.
Tanto tiempo como arena en un reloj cansado de tanto caminar hacia su desgraciado destino de hacerse viejo a cada segundo y no volver a recordar cual fue su inicio con un solo objetivo avanzar tan rápido como un susurro en las mejillas que ruborizan los rostros y mientras el viento baila cansado de tanto animo mece las hojas de los sauces calmadamente acariciando su pena haciéndola permanente.
Cada segundo marcando el compás de una macabra sinfonía y una danza fúnebre, como una banda sonora inspirada en la mecánica diaria de esos seres ajenos a su origen, en donde el mundo y su modernidad censura su sentido del tacto y no les permite sentir el calor del sol ni las caricias del viento, y los arboles bailan, bailan tal réquiem y cuando llueve las gotas no son capaces le penetrar en los poros y los ojos se cierran y se perpetua esa herencia de muerte.
Si permaneces en silencio escucharas el llanto desesperado de los arboles cuando la noche llega en su magnitud mientras aquellas hojas quieren escapar y contar y gritar deseos a su mundo lo que la herencia de sangre humana ha llegado a hacer con ellos que son más antiguos que toda humanidad más eternos que el pensamiento las hojas solo en un desborde de pasión se unen en un beso lleno de frenesí al suelo y observan los que jamás podrán amar con tanta pasión otra ves.
Y el estruendoso murmullo se apodera de todos los atardeceres, el mar y su felicidad eterna como el ruido de sus olas lucha por ser escuchado, pero el asfalto es tan poderoso dentro de nuestros recuerdos y la pena es tan dueña de nosotros, el olvido de la pasión es el verdadero pecado, o me puedes decir si el verdadero valor está en el gris y el acero inoxidable, está en esas calles que cierran los poros de la tierra o en un atardecer tomando tu mano.
Llévame dentro de la luz que existe en las palabras que llegan suaves a través de la luz nocturna de media noche…
Esperare hasta que mis raíces salgan salvajes desde la sagrada tierra para que tu beso se posee una vez más en el viento quiero ver ese lugar que tanto escuche desde semilla quiero llegar al clímax de toda vida dentro de tu sosiego vaivén desgarra esta vida del asfalto y mécela en tus secretos de viento inmolarme hacia el padre sol no sería suficiente llévame contigo.
Déjame entregarte mi savia, ya que por estas venas no corre sangre, soy del viento, soy de las hojas y de los atardeceres, mi cuerpo es solo un fantasma que vaga entre la penumbra de las avenidas, entre latas y alquitrán, entre odio y llanto, llévame lejos de todo esto, deja mi cadáver en medio de la calle, llévame con tu beso.
Por: Nethzath Kether y Emil Sinclair
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