La peste domina las calles, niños, mujeres y hombres mueren en ellas, sus cuerpos se descompone en el suelo y los perros hambrientos engullen la carne adornada con larvas, dejando arquitecturas óseas sobre otra arquitectura, sobre la arquitectura fría y urbana de mi Santiago contemporáneo, sobre esta cuidad donde esta peste no importa a los que no la padecen, sobre esta ciudad que me vio nacer y que me vera morir sobre el pavimento, ya siento poco a poco los síntomas, me duele el cuerpo y los recuerdos, el gris del cielo y los edificios se apoderan de mi sangre, se apoderan de mi tiempo.
Por: Emil Sinclair

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