Lo único que quería era tocarme, la pierna, el brazo, lo que fuera. Su cuerpo se sentía atraído al mío, no sentía que fuera recíproco. Pero eso no importaba mucho. Cuando llegamos era cosa de tiempo, la conversación era trivial y él no parecía escuchar. No dudó mucho y se me acercó. Me besó tan lentamente que me estremeció hasta la desesperación. Sus deseos eran fuertes, los sentía en su abrazo, en su respiración, en su olor. Su intensidad crecía y su cuerpo también. Ojalá mis deseos hubiesen sido así de intensos, así de reales, así de eternos. Como quería acompañarlo y desearlo, agarrarlo y respirar su cuerpo. Mis ganas querían explotar, pero mi cuerpo yacía en algún lugar, perdiendose en la distancia... El no tardaría en abandonarlo.

Bienvenida!!!
ResponderEliminarme gusto esto.. el deseo del deseo siempre es un asunto cuatiko, desear desear.. pasa
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